Retrospectiva de Fernando Spiner: un director todo terreno

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Spiner es uno de esos directores que además de estar comprometido con su tiempo, está comprometido con el cine y sus formas narrativas posibles. Es así que su filmografía recorre la ficción, la ciencia ficción, la animación, lo documental y el ensayo fílmico. Pero además de eso, las imágenes comprenden la cultura como un todo, la política, la literatura, la poesía y la música se convierten en aliados de un cineasta todo terreno.
Fernando Spiner

Poner el foco en su cine, es mirar una Argentina que tiene múltiples maneras de ser contada y un relato donde la historia indefectiblemente aparece no como argumento sino como trasfondo de personajes que nacen y se hacen visibles en determinados contextos y no otros. 

En 1984 y como consecuencia de sus estudios en el Centro Sperimentale Di Cinematografía de Roma, realiza Esercizio per machino da presa e corrello continuo, ejercicio para la cámara como lo indica en su título, que Spiner hace carne y en un plano secuencia filma un conflicto a través de una ventana casi como testigo. 

La figura del testigo la vuelve a recuperar en un cortometraje unos años después en 1988, Testigo en Cadena, donde la fotografía es la protagonista como indicio, como huella, como testimonio y como forma de captura del pasado, el presente y la posibilidad de echar luz sobre el futuro.

Por esos años, también realiza Balada para un Kaiser Carabela (1987) interpretado por Luis Alberto Spinetta. El corto no solo hace alusión al auto argentino (el kaiser carabela) sino al mundo de la imagen que vuelve a poner en escena la fotografía como búsqueda. Los planos de Spinetta resaltan sus rasgos y su comunicación con un mundo de la cultura de la década del ‘80, donde el neón y los videojuegos dialogan con la puesta autoral que el director deja como huella en todo su cine. 

Diez años después, se estrena La sonámbula (1998) con una nueva ley de cine, y el auge de lo que la crítica dio en llamar Nuevo Cine Argentino, rememorando el cine de los ‘60. El film tiene la colaboración de Fabián Bielinsky y comparte autoría de guión con Ricardo Piglia. La ciencia ficción en el cine y la literatura constituyen aquí la trama que al igual que Testigos en cadena pone en escena una idea de futuro sobre el pasado y sus huellas. La memoria se transforma en un relato y una técnica, al mismo tiempo que en una posición sobre los modos de ver y acceder al mundo desde las pantallas y las decisiones posibles. 

Ya “El sueño de los justos” (2001) explora la animación paródica, con una conductora barbie y dos personajes que vuelven a su Río Gallegos para un recital de Los Ratones Paranoicos. El rock de protesta, el modelo de conductora de televisión rubia, se articulan con la denuncia hacia la colonización del sur por el capitalismo y el evangelio, pero al mismo tiempo indica en ese 2001 turbulento un mundo del espectáculo que va entrando en su decadencia. Paradójicamente, ese Río Gallegos será después tapa de todos los diarios con la llegada de Nestor Kirchner en 2003. 

Ese mismo año, en el que la larga década del ‘90 empezaba a terminarse, Fernando Spiner filma Adiós querida Luna, estrenada posteriormente en 2005. Como milagro del cine, la ciencia ficción se transforma en metáfora de una ciencia a la deriva que termina años más tarde reconociendo el espacio como territorio de soberanía. Pensemos en ese 2003 y los científicos en el exterior que luego fueron repatriados y reivindicados, como escena premonitoria y al mismo tiempo condenatoria del final del film con el himno de fondo mientras se aborta la misión de la luna. La comedia cruza todo el film, y la astucia de un cine que apuesta a la potencia de lo narrativo. 

Una línea aparte merece el testimonio de lo maravillo de las actuaciones del “Negro” Fontova y Alejandro Urdapilleta en esa película. Ponerlos nuevamente en escena hoy es también un homenaje a ellos. 

Para cuando llega Aballay, el hombre sin miedo (2010) la Argentina era otra a esa nave en el espacio que intentaba extinguir la luna. La deuda externa ya no era tema de agenda, y el bicentenario se empezaba a plasmar en las calles y en los imaginarios colectivos. La historia volvía a estar en primer plano, y el cine de Spiner convierte la cultura gauchesca en un film que toma lo más maravilloso de los clásicos del cine y transforma el desierto en un gran territorio propio. 

Entre este largometraje y el que sigue, el cortometraje Regimiento 7 (2014) recupera el trauma de la Guerra de Malvinas. Los soldados encomendados a Dios, los muertos y los sobrevivientes, las esperanzas y frustraciones, la invisibilidad en un subte cualquiera. 

La boya (2018) podría sintetizar todas las anteriores, como homenaje y reflexión sobre la poesía no solo del poeta que comparte la escena, Aníbal Zaldivar, sino del cine como poética que nuestro director recorre en su obra. Por primera vez el documental asoma. La historia personal se cruza con la del pueblo de Villa Gesell, pero también de generaciones de viajantes, migrantes, artistas.  La boya  es un símbolo, y el agua otro espacio a explorar en la inmensidad de las decisiones estéticas que vuelven a poner la mirada de Spiner como única. El agua se siente, como el sabor a la comida y el reencuentro del cine con la historia y de la historia con el cine.  

Aquí nuestro homenaje a un gran director, autor y poeta de nuestro cine (y de la televisión, pero eso es otra película)

Todas las Películas de la Retrospectiva se podrán ver de forma gratuita y en exclusiva por la Plataforma Octubre TV

 

Cortometrajes

Balada para un Kaiser Carabela (1987)

Testigos en Cadena (1988)

El sueño de los justos (2001)

Regimiento 7 regresa a casa (2014)

 

Largometrajes 

La Sonámbula (1998)

Adiós querida Luna (2003/2005)

Aballay el hombre sin miedo (2010)

La Boya (2018)